POST CON ESTRELLA INVITADA, ROSARIO GUERRERO QUE ME DICTA
El día lunes 22 de julio arrancamos temprano con la idea de ir a la abadía de
Westminster. Como no es muy lejos del departamento fuimos caminando por Victoria Street hasta
Westminster station porque ahí salía el tour de London Walks.
Cuando llegamos descubrimos que no teníamos suficiente efectivo para pagar el tour
y las entradas a Westminster, así que mientras Rosario demoraba a la guía, yo trotaba hacia
el cajero más cercano, dentro de la estación, que obviamente, no funcionaba.
Como pensábamos que no llegábamos al tour, dimos una vueltita, y nos sacamos la foto
obligatoria con el Big Ben porque si no uno parece que no vino a Londres, vio?
Resignados a que íbamos a tener que hacer tres cuadras de cola y inventar las descripciones
de quién estaba enterrado dónde, fuimos hacia la abadía, y vimos un banco en la esquina.
Saqué plata, y pescamos al tour cuando estaba en el Dean's Yard, que es la entrada para tours.
Esa es menos de la mitad de la cola que te ahorrás si pagás el tour.
La entrada al Dean's Yard.
Los convencimos y nos dieron los brazaletes, y entramos. No hay fotos del interior porque
está estrictamente prohibido, y si sacás una foto, viene dios, y te castiga.
Foto atea 1
Foto atea 2
Los paseos de London Walks están buenos, son caminatas con viejitos locales como guías que se nota
que tienen mucha cancha y miles y miles de tours encima. Parece que en Westminster enterraron mucha
gente famosa, y a los que no los enterraron les pusieron una placa conmemoratoria, así que está
lleno de nombres famosos.
Ya al principio ves una silla, que se usa en las coronaciones, que es el mueble más antiguo
de Inglaterra que aun se usa para el fin original (sentarse), data del siglo... hace mucho,
y está cubierto de grafiti, porque los pibes de la escuela de Westminster se escapaban en los
recreos para ir a firmarlo. De hecho hasta hace relativamente poco, por unas libras te
dejaban sentarte, pero Inglaterra es much menos cool que hace unos años. Porque no me dejaron.
A mí (Roberto) me dió como una emoción ver las tumbas de Newton y Darwin ahí una al lado
de la otra. Lamentablemente no daba para foto, Newton no se ponía en pose. Dijo la guía
que hace un tiempo habían puesto un poster explicando que todo lo que dice el libro
"El código Da Vinci" acerca de la tumba de Newton está mal.
Entramos por muchas capillas en el costado de la catedral, que al parecer si tenías suficiente
mosca, te pedías un cacho de catedral para vos, y te la daban. En esas capillas hay diversas
tumbas y en una, que es la capilla de Eduardo el confesor (único rey británico que es santo)
está la tumba de otro rey, que estaba toda enchapada en oro.
Se puede estimar la estatura máxima del inglés medieval en base a la altura hasta la que pudieron
afanarse el enchapado cuando el chancho no miraba.
Pasamos por el coro, por el lugar donde se encuentran los cascos y estandartes de los miembros
de la Order of the Bath (orden del baño), que según la guía tenían características distintivas
para permitir reconocer al dueño en batalla. Por ejemplo, un pelícano de 45 cm con las alas
desplegadas pintado de blanco brillante. Sí, te van a reconocer, y vas a escuchar "mirá al
perejil ese con el pelícano en la sabiola".
De ahí se pasa a la esquina de los poetas, los escritores, los dramaturgos, etc. Y se sale a
los claustros donde ya a dios no le molesta el flash y se puede sacar fotos.
Por eso hay foto de Rosario con la supuesta puerta más antigua de Gran Bretaña.
Sí, es lindo todo.
Si no me pude sacar foto con Newton, me saco con Halley.
Salimos, y Rosario se me estaba ampollando, así que nos fuimos a un Boots (que por suerte hay
en todos lados) y nos compramos la cosa mas maravillosa del primer mundo, que son las curitas
marca Compeed unos sandwiches
etc y nos fuimos a almorzar en unas escalinatas frente al Támesis.
Nos tomamos un bondi a Picadilly, compramos ropa deportiva para Tato en Lilywhites,
y despues otro colectivo al departamento para descansar antes de salir a la noche.
Habíamos arreglado para encontrarnos con John Lenton en un pub llamado "Cask" en Pimlico.
Se prendieron en la salida Fede Heinz y Anthony Lenton, y ahí, en nuestra primera y última
(hasta ahora) incursión a un pub, tomamos una pinta, y comimos un kilo de papas fritas.
Les preguntamos a los nativos "¿Dónde se puede ir a comer?" a lo que respondieron con mirada
incrédula "son las nueve de la noche, a ningún lado". Bueno, WRONG. Yo creía recordar que
en Oxford había algo de movimiento a la noche (ja!) y salimos para allá. No solo no habia
movimiento, si no que no había absolutamente nada abierto más que un triste subway sin asientos,
donde hubiéramos podido comprar un sandwich para comer estilo homeless en un umbral.
Luna romántica en cielo aún azul a las 21:14 de la fucking noche porque no oscurece jamás.
Como Rosario tiene la idea de probar la mayor cantidad de cocinas exóticas que encuentre en el
viaje, yo le dije "Chinatown está acá nomás" (no) y seguimos caminando una cantidad ridícula de
cuadras sobre nuestros cada vez más ampollados pies.
Por suerte hay dos negocios en Chinatown que tienen una licencia especial que les permite vender
comida hasta la 1 AM. Entramos en uno de ellos, y le pedimos a la camarera más mala onda importada
del oriente el menú de degustación con crispy duck.
La sopa hot and sour casi asesina a mi mujer, que no pudo pasar de la tercera cucharada, pero
después mejoró mucho. El crispy duck estaba muy bueno, y unos platos de cerdo kun-pao, carne
rebozada en chile agridulce y verduritas al vapor estaban muuuuuuy buenos, ya saciados buscamos
como volver.
Nótese la absoluta ausencia de marketing del que hace los menúes. Por otro lado, nadie puede
criticarle la precisión al describir el plato como "sangre de pato con órganos internos
surtidos". No, no pensamos comer eso.
Bondi al depto, y sobre.
Día 4: Fiaca, Tower Bridge, Jack the Ripper Tour
Si miran los mapas del Día 3, verán que cruzamos Londres de un lado a otro como borrachos
al volante de un helicóptero. Eso es más agotador de lo que podría esperarse, por lo cual
el cuarto día entre las ampollas, los calambres y el dolor, nos quedamos haciendo fiaca
hasta las 4PM.
Ahí juntamos espíritu turístico y salimos en colectivo hacia el Tower Bridge.
Es un muy lindo puente. Ya era muy tarde para ir a visitar la sala de máquinas, pero la vista
del Támesis hizo que valiera la pena.
Vimos la Torre de Londres desde afuera, y caminamos hasta la estación de Tower Hill, que es desde
la que salen los tours de Jack the Ripper. Hay montones, y salen mas o menos cada quince minutos,
nosotros fuimos con el de London Walks porqu habíamos tenido buena experiencia en Westminster.
Algunos guías van caracterizados, el nuestro (Paul) se caracterizaba por un aspecto de loco bastante
impresionante:
Supongo que hacer el tour cuando faltan tres horas para que oscurezca, le quita atmósfera a la
cosa, pero es divertido. Es un curro, ya que gracias a los alemanes no queda absolutamente nada
en pie que tenga remotamente que ver con Jack the Ripper, por lo cual el tour consiste en caminar
entre edificios modernos de vidrio mientras te describen una cosa completamente distinta.
De todas formas, Paul es un gran contador de cuentos, y la historia es muy interesante. No sé
si es para todo el mundo, y si te toca un guía medio zopenco es tirar la plata. Pero Paul es
bueno.
El tour termina en Spitalfields Market, con lo que con Rosario empezamos a sentir intensos ataques
de deja-vu, ya que cada lugar al que íbamos ya habíamos estado. Decidimos tachar un ítem
de la lista de cosas que hay que hacer en Londres e ir a comer fish & chips.
Casualmente había uno ahí cerca (o no tanto porque hay en todas partes) que se llama Poppie's
y se autopromociona como el mejor fish & chips del East End. Rico. Recuerden que Haddock es
Merluza, y no coman la misma milanga de pez con fritas que sirven en Argentina. Yo comí plaice y Rosario un plato mixto con bacalao, calamar,
camarón y whitebait (entre nosotros, indistinguibles
del cornalito).
Rosario encontró su nuevo lema.
Los postres. Oh, dios, los postres.
Imaginen una empanada de masa criolla de manzana acompañada de una cucharadita de helado de nada.
Ese es el mejor de los dos postres que pedimos. El otro era un Sticky Toffee Pudding, que tenía
el aspecto de haber estado dentro de un gato con mala salud media hora antes, y haber sido
recalentado en un microondas durante alrededor de 15 minutos. También servido con el mismo
helado, no era tan rico como parecía.
Rosario no lo pudo terminar. Lo que es una experiencia nueva en su vida, hasta que un par de días
después pedimos un crumble de pera con custard, pero eso es otra historia. Lo de los ingleses
no es el postre. Es como si trataran de que les liberes la mesa más rápido. Si no lo hacés
a tiempo te traen unos caramelos con la cuenta que son (por ejemplo) masticables sabor
regaliz, el mismo de los caramelos media hora, pero que se te pega en los dientes y no
te abandona hasta que llegás a casa. Lo que puede llevar más de media hora, de hecho.
Repelidos por los postres, pusimos distancia emprendiendo una caminata poco astuta hasta
St. Paul, creyendo que no era tan lejos (sí, es lejos). Llegamos a St Paul ya tarde, luego de
cruzar toda la City londinense sin ver una sola persona viva que no estuviera conduciendo
un auto. Al parecer el peatón nocturno es una especie extinta en esta isla.
Rosario con St. Paul de fondo.
Nuevamente fuimos engañados por Google que nos dijo que en St. Paul paraba un colectivo a
Victoria. MENTIRAS. Esa calle está cerrada al tráfico hacia el oeste. Debimos caminar
hasta Mansion House para tomar el underground. Por el camino se me ocurrió esta teoría
que evito cuidadosamente desmentir mediante la adquisición de conocimiento al respecto
de que Mansion House es la casa de un tal Joseph Mansion, que hizo una casa tan lujosa
que desde ese dia todas las casas lujosas llevan su nombre.
Dia 5: British Museum, Teatro Equivocado, y Variedades
Salimos de casa, desayunamos en la estación, compramos más curitas para los pies, y arrancamos
para el British Museum. Este fue el primer día en que realmente hizo un calor inmundo.
Y el British Museum no tiene aire. No, no es que no tiene aire acondicionado, no tiene aire en
general. Es como ver antiguedades adentro de un vivero.
Pero bueno, pasamos por una tienda de cuatro pisos dedicada a la venta de paraguas. Que
sinceramente no sé para qué, dado que en Londres no llueve nunca, y el clima es
permanentemente soleado, de acuerdo a nuestra experiencia, mas allá de la infundada
propaganda francesa acerca del mal clima británico.
Obviamente lo primero que uno ve al entrar, es la piedra Rosetta. Es impresionante lo diminuta
que es la caligrafía con la que los antiguos, tanto egipcios como asirios, babilonios, etc,
escribían en piedra.
Lo segundo que uno ve, es un grupo de amigos argentinos, que como Londres es un pañuelo y no
hay nada para ver estaban en el mismo lugar.
Sin haberlo planeado, nos encontramos con Silvina y su esposo en un salón de un museo de cinco
hectáreas, al grito de "esa es la de facebook" de una amiga de Silvina.
Lo primero es, el notable talento para robarse la historia de los países que visitan
los ingleses. Hoy en día, les da vergüenza y están devolviendo parte de lo
saqueado.
Vimos las salas egipcias, griegas y romanas, incluyendo los mármoles del Partenón, con la
instructiva ayuda de la guía multimedia que alquilan en el museo.
Mucha pieza invaluable del siglo 18, pero atrasa 5 minutos pibe.
Salimos, y descansamos un rato comiendo sushi de farmacia (sí, en serio, es mejor de lo que suena)
en Bloomsbury Square Gardens.
La vista desde el banco.
Nos fuimos al Playhouse Theatre, donde dan Spamalot, un musical para el que habíamos comprado
entradas, con una cena incluída. Cuando llegamos a la boletería, amablemente nos informaron que
somos unos zoquetes y las entradas eran para el día siguiente.
En consecuencia, teníamos entradas para otra obra, pero no los papeles para retirarlas.
Caminamos hasta Leicester Square donde era el teatro donde realmente debíamos ir.
Por el camino vimos un restaurante Hindú, y aprovechamos para cenar, y tachar otro país
de la lista de gastronomías exóticas a probar. Comimos dos platos de degustación cuyos nombres
no podemos recordar, pero contenían carnes de diversos mamíferos cubiertas en especias
generalmente de color rojizo. Dice Rosario "estuvo muy bueno". Digo yo, el arroz estaba más
seco que algo muy seco, no me pidan analogías divertidas, estoy escribiendo esto a las dos de
la mañana.
En la esquina del teatro estaba todo cerrado alrededor de una alfombra roja por el
estreno de una película que se llama Alan Partidge: Alpha Papa
por lo que había que dar un rodeo. Luego me enteré que en ese preestreno estaba mi ídolo personal
Stephen Fry, con lo que estuve a menos de 50 metros de conocerlo. Lo que suena muy stalker
por lo que si Stephen Fry llega a leer esto: no, no soy un stalker le juro que fue casualidad
Señor Fry.
Como teníamos tres horas para matar, comimos helado, tomamos café y vimos las zapatillas mas
asombrosas en la historia de la humanidad toda, candidatas a entrar a la colección de Victoria
& Albert en los próximos años.
Eran aún más impresionantes en persona.
La obra era "Mat Ricardo's London Varieties" que presentaba su última función. Es un varieté,
varios números inconexos, y muy desparejos. A mí me gustó más que a Rosario, pero ambos estamos
de acuerdo que el número de la mejor banda de Rock del mundo es indescriptible.
Mat Ricardo, el maestro de ceremonias, dice al principio que es un show en el que vamos a ver
cosas que cuando se las expliquemos a nuestros amigos, nos van a decir que mentimos. Por ejemplo,
cuando dice eso, entra una bonita morocha, tatuada de piez a cabeza, que hace hula mientras
se introduce una espada por la boca, sobre la cual hace girar un platillo.
Si bien el platillo tiene truco (porque tiene una hendidura donde encaja la empuñadura
de la espada), hay pocas cosas más incompatibles que tragar sables y hacer hula.
Pero vamos a intentar describirlo de todas formas. Entra un flaco emo, con una guitarrita,
hace dos chistes pavotes, y grita "RELEASE THE TIGER". Y... sale un gordito peludo, con un
leotardo atigrado, la panza flameando en la brisa, y una pandereta.
A continuación proceden a hacer covers de hits de los 90s muy bien cantados e interpretados,
con uno de los puntos más altos la interpretación de Murmullo Descuidado con la entrepierna
del señor tigre a unos 20 cm de una pobre señora mayor que se encontraba en la 1ra fila.
Cabe destacar que este teatro tiene bares adentro de la sala, lo que ayuda a apreciar
las bondades de los números que allí se ofrecen.
¿Se creyeron que era joda, no?
Hay un mago, hay un concurso de malabares que termina en un tortazo, una entrevista que es un plomo
porque no tenemos idea de quién era el entrevistado (pero el público local parece que sí sabía
así ue debe ser famoso), un desafío de tap, un número con bastón y sombrero y un acróbata
bastante impresionante.
Salimos, con Rosario diciéndome "adónde mierda me trajiste", pero divertidos, volvimos al
departamento ya al día siguiente.
¿Qué pasa si te vas de turista en serio conmigo? Bueno, lean, ésto es lo que nos pasó
a Rosario y a mí en los primeros 2 días.
Nos fuimos a Ezeiza, salimos de la terminal nueva (mucho más linda), vuelo 244 de British.
Ese vuelo sale a las 13 de Buenos Aires, y llega a Londres a las 6:20 AM. Este de hecho
llegó antes, y como Heathrow no lo dejaba aterrizar hasta las 6... bueno, dar vueltas en
un avión es complicado para mí. Me mareo por default en casi cualquier medio de transporte
y después de 13 horas volando, es mucho.
El avión! El avión! Señor Roarke! El avión!
Pero bueno, llegamos sin accidentes.
Sí, llegamos.
Paramos para fumar (yo de segunda mano) y nos tomamos el Heathrow Express a Paddington.
Resulta que eso no fué una gran idea por varios motivos:
Sale una pila de plata
Hay otro tren más barato que tarda 45 minutos
El express hace que después tomemos un subte, que no tiene escaleras mecánicas, y nosotros tenemos las valijas
El otro tren nos dejaba a 2 cuadras del departamento
Weeeee! $800 para dos viajes de tren de 15 minutos! Weeeee!
Pero bueno, lección aprendida para la próxima.
Llegamos al departamento/base de operaciones a dos cuadras de
Victoria Station, con lo que tenemos alrededor de mil líneas de subte, colectivo, tren, taxi
y demás.
El departamento es muy bonito, luminoso, diminuto (esperable) pero equipadito.
El depto. Acá hasta los gallineros tienen ladrillo visto.
Resulta que una amiga de Rosario está de vacaciones con el marido, así que los llamamos,
y arreglamos, nos encontramos en la escalinata del Royal Albert Hall.
Con la teoría de "si nos quedamos quietos no salimos más" nos fuimos al super a comprar algo
para el depto, volvimos, y salimos para allá caminando:
El mapa tal vez te haga pensar que la primera parte caminás por el costado de los jardines
de Buckingham. Si bien eso es técnicamente cierto, en realidad quiere decir que caminás
al lado de una pared de ladrillo y alambre de púa, porque ahí vive la reina. De hecho no
hay visitas guiadas hasta dentro de un par de semanas que se va a su castillo de verano.
Por Knightsbridge están tiendas de todas las marcas que nunca te vas a comprar. Valentino,
Burberry, Prada, Tiffany, Cartier, etc. Lindo para ver vidrieras y deplorar la mala
distribución de la riqueza que hace que no me alcanze para comprar ese piloto que está
buenísimo, que es una injusticia, che.
Escalinatas.
Nos encontramos con la amiga de Rosario, nos tomamos un café ahí mismo, y empezamos a caminar
por Exhibition Road, que lleva al Victoria & Albert Museum. Como nos picaba un poco el bagre,
paramos a comer unas tapas.
Rayis, idea para tejer!
Pedimos pulpo, chorizo, papas bravas, ensaladas, y más, muy rico
Esperando las tapas.
El Victoria & Albert es un museo extraordinario. Es un edificio antiguo, pero remodelado.
Tiene piezas desde la greca antigua a la edad media hasta anteayer, cubriendo una docena de áreas distintas.
Es una especie de "grandes éxitos", se puede recorrer en tres horas, y ves mucho, mientras
que museos más grandes te pasás el día y sentís que te perdiste casi todo.
El "logo" de Victoria & Albert.
No encontré en ninguna parte la descripción (o la explicación) de esa cosa maravillosa
que cuelga en la entrada.
Hay montones de fotos del museo en la galeria del 1er día
pero acá van algunas que nos llamaron la atención.
La "copa de las hadas" y su funda matera.
Un backgammon/ajedrez/damas! Las piezas eran retratos de la familia de los dueños.
El libro "Travels and Voyages in Turkey" de 1567 (mi versión de eso, un poco más moderna,
está en alguna parte de este sitio)
Un cielorraso de Cremona. Un día, en 1885, un inglés estaba en Cremona y vió un cielorraso.
dijo "That's a nice ceiling, how much?" lo compró y lo llevó a Inglaterra. Es un hermoso
cielorraso y por lo menos no es robado, pero ... como cazzo llevás un cielorraso de yeso
con frescos de 3x3 desde Cremona hasta Londres? Yo no conseguí que me lleven un placard
desde San Martín a San Isidro sin que se haga pomada!
¡Angelito contento! (es de una fuente, largaba agua por el pito)
"Blockbook Bible for the Poor" de 1465. Es un comic. En serio, es un comic.
El poste de Finney. Es un poste. Si quieren saber por qué está en un museo,
lean acá
Reloj "de movimiento perpetuo". Inmóvil.
"Sausage": porque el arte moderno es una garompa.
Hay una galería de moldes de yeso y reproducciones de cosas que no están en el
museo. Por ejemplo, la columna de Trajano, o la puerta de la catedral de
Santiago de Compostela. ¿Cómo hacés el molde de yeso de esta cosa? porque
fíjense el tamaño de la gente ;-)
Después de pasear por el museo, decidimos tomar algo fresco porque estamos en medio de
la mayor ola de calor que los ingleses recuerden en años y años. Hace como 28 grados!
O, como le decimos en Santa Fe, "tá lindo pa' un liso en la vereda".
El bar del museo. Pero nosotros salimos al patio...
De haberlo sabido no llevaba medias, pero bueno, nos tomamos una limonada, nos comimos
un brownie mediocre, y justo el museo cierra, así que amablemente nos dicen
"make your way please" y nos fuimos. Regreso al depto en colectivo!
Nos desmayamos, y al día siguiente... tempranito que los domingos es el mejor día para los
mercados! Tomamos el bondi para Camden Town.
¡Marble Arch! ¡Que es un arco de mármol! ¡Porque son muy literales!
Llegamos, vemos muchos puestitos de remeras, vestidos, camperas, etc, muchas cosas muy lindas,
aún antes de llegar al mercado mismo de Camden Lock.
Dibujo en tiza en la vereda.
Es un mercado enorme, lleno de puestos de casi cualquier cosa, y de comida.
Después de mirar un rato largo paramos a comer. Rosario comió comida etíope,
yo comida polaca, ninguno de los dos comió el "classic argentinian choripán"
que vende un ladri argento.
No la pedimos. Una oportunidad perdida?
¡Está buena la comida etíope!
Seguimos paseando, llegamos al Horse Tunnel, que lleva a otro mercado en lo que
eran unos establos, llenos de estatuas de caballos, herreros, carros, etc.
Caballos everywhere.
Para que vean que yo también estoy, eh?
¿La cosa más horrible del mercado? ¡Tal vez!
Rosario se hizo dar un masaje por un chino, porque estaba con dolor de espalda, seguimos
paseando compramos muchas cosas, nos dió hambre de nuevo.
Hamburguesas de camello, cocodrilo, canguro o gacela? Camello con queso porfis.
Sí, yo me comí una hamburguesa de camello (mediocre), Rosario algo de pato (excelente, me dice,
aunque no me convidó, guacha), compramos un rato más, se nos acabó el mercado,
y era temprano. ¿Que hacemos? Nos vamos a otro mercado
Ese recorrido es aproximado porque el colectivo tenía el recorrido modificado por obras, nos bajamos,
hicimos una combinación, nos perdimos un poco, etc. Terminamos en la iglesia de St. Botolph
y de ahí caminamos un poquito y llegamos a Spitalfields justo cuando empezaban a cerrar (porque acá
todo cierra ridículamente temprano).
¡Lindo!
De todas formas Rosario se consiguió un tapadito liviano que le queda muy muy bien (es un mercado
de diseño) y de golpe se escucha una voz diciendo "everything must go, everything for a pound!".
La seguimos y encontramos un puesto de pastries. Como el mercado sólo abre los domingos,
lo que no venden se tira. Y antes de tirarlo, lo venden uy barato. No voy a dar detalles pero
si combinás eso con una señora 50% turca, terminás llevando dos bolsas enormes de comida por
10 libras.
Miramos un rato más, salimos, nos vamos a tomar un café helado a la sombra de ooootra iglesia.
Te diría como se llama, pero no me acuerdo.
Y ahí sucede la catástrofe. Le preguntamos a google como volver. Dice "te vas a Aldgate acá
a 4 cuadras y te tomás el subte". MENTIRA. Esa línea de subte estaba cerrada todo el fin
de semana. Así que cuando Aldgate está cerrada miramos el mapa y decidimos caminar hasta
la estación de Whitechapel. Cuando llegamos allá... también estaba cerrada, porque es la
misma línea y no leímos bien los carteles. Oops.
Pero bueno, si no lo hubieramos hecho no hubieramos visto las oficinas del Sr. Garcha, abogado:
Acá los abogados pueden ser "solicitors" o "barristers", la diferencia es que los
barristers van a la corte, los solicitors hacen papeleo. Y sí, este es un
solicitor que se llama Garcha.
Al final, decidimos volver en taxi, nos desmayamos, y esta historia continuará.
Tengo una memoria de mierda. Me acuerdo de todo.
Me acuerdo del gusto horrendo de la vacuna Sabin contra la polio, que me dieron con un terrón
de azúcar en la vieja Escuela Sarmiento en 1974. Me acuerdo de la página en la que estaba en
un libro del cuerpo humano la última vez que estuve en esa biblioteca. Me acuerdo que en el
patio había una estatua de bronce, que su codo izquierdo dejaba un agujero por el que pasaba
justo mi mano, y que atrás había una puerta que daba al Micro Cine, pero estaba siempre
cerrada. El tema es que no me acuerdo cuando pasaron las cosas, y no me las acuerdo en orden,
tengo flashes, hacer fila esperando salir y ver un semáforo de telgopor arriba de un armario,
esperar que cambie las luces, sin darme cuenta que es de mentira, mi maestra de segundo
tocando la guitarra, tratar de correr haciendo una hélice con el brazo derecho.
Anoche estaba viendo una película
y al terminar pensaba, hay gente a la que esta película le va a parecer malísima, y hay
otra (como yo) a la que le va a parecer buenísima. Y es porque somos, en algún lugar adentro,
completamente distintos. Hay algo adentro mío que ellos no tienen, o viceversa. Y creo que
viene de como crece cada uno, viene de alrededor, es algo que lo fuimos absorbiendo desde
chicos, y sólo se lo absorbe si está ahí, las esponjas en el desierto están todas secas,
porque no hay agua, no por una innata condición hidrofóbica. Y hoy en día es raro, porque
todo está en todos lados, pero... esto que estoy escribiendo, que ojalá me dé el cuero para
seguirlo [1] es un poco contar eso, qué había alrededor mío, allá lejos, cuando lo único
que había alrededor de uno era lo que estaba ahí. Más o menos.
Me acuerdo el momento en que leí.
Sin leer me gustaba mirar revistas, y me inventaba las historias. Creo recordar que era
una de Pi-Pío en un Billiken (en casa nunca se compró Anteojito) y de golpe esos globos
blancos con rayitas negras adentro decían algo. Y me decían que era lo que estaba pasando
en la historieta. Recuerdo una momentánea desesperación, una furia contra el atrevimiento
de esas marquitas sacándome el derecho de decidir qué era lo que estaba pasando. Nunca más
soporté a Pi-Pío, comic mal dibujado y con historias aburridas, marcadamente inferiores
a lo que sea que yo me imaginaba.
Dice el rumor que me enseñó a leer mi hermano, que estaba terminando primer grado,
pero no me consta. Mis viejos siempre dicen que ellos no lo hicieron, en el colegio
no lo aprendí porque, bueno, no iba a clases todavía, así que gracias Santiago,
debés haber sido vos, me viene sirviendo.
Un detalle es que yo tenía tres años. Tres y medio, ponéle, y era un enano de un metro,
y leía. Entonces mi viejo una vez le apostó a un conocido canillita (que tenía un programa
de radio) que yo podía leer cualquier cosa, y el tipo me dió un libro en inglés... que
procedí a leer como se pudiera, creo que la apuesta la ganó papá.
Pero bueno, volviendo a lo de leer, papá y mamá eran los dos, en esa época, vicedirectores
de escuela. Es un cargo interesante, no sos el director, así que no tenés todas las
responsabilidades, pero no tenés que dar clases, así que tenés tiempo libre. Como es un
cargo directivo ganás un poco más, pero no como para tener niñera y dejar a los chicos en
casa, así que yo me crié en escuelas. Creo que desde los dos años, me daban de comer las
porteras y las cocineras de los comedores, vagaba por los pasillos, y me metía en preescolar
para jugar a algo [2]
Ya sabiendo leer, se viene marzo, se acaba el verano, y me meten en primer grado a los tres
años, con la complicidad de un inspector amigote de mi viejo, un tal Enría, que hizo el
papeleo para autorizarlo, y así comienza una no muy distinguida carrera escolar que duraría
los siguientes veinte años, más o menos. Estar en primer grado dos años antes tuvo un efecto
secundario interesante: me convenció de que el deporte no era lo mío. Después de todo, mis
compañeros eran todos más fuertes, rápidos, y coordinados. Así que si quería ser algo
especial, no sería por ese lado. Y leí.
Debo haber leído, mientras estaba en la primaria, unas seis o siete enciclopedias
(no enteras! [3]) pero la primera... la primera fue esta:
El 90% de lo que sé, se lo debo a una pila similar de fascículos.
Mis viejos nos compraban una enciclopedia en fascículos, la "Enciclopedia Disney", que era
(o por lo menos, así la recuerdo), maravillosa. Cada fascículo parecía no tener la más mínima
conexión con los demás. Tenía cosas de mitología griega, de mineralogía, de tecnologías
diversas, de historia, a veces con personajes de Disney intercalados, supongo que para
que fuera, realmente, una enciclopedia Disney, pero... lo amplio de los temas era lo mejor,
porque si uno podía entretenerse leyendo sobre casi cualquier cosa... bueno, entonces no
había motivo para no leerla, no?
Me acuerdo de Giro Sintornillos [4] inventando una máquina del tiempo, pero obviamente no se
podía usar en la tierra porque acá siempre hay cosas moviéndose y no había que cambiar nada,
entonces había que ir al espacio a usarla, y Rico McPato volvía al período carbonífero para
ver si había algo que pudiera hacer para mejorar sus minas de carbón.
Me acuerdo de los vikingos como descubridores de América. Con Eric el Rojo y Goofy el Verde [5]
viajando a Vinland, y que el latex es la savia de una planta, igual que la miel de maple, y
que el ámbar.
Me acuerdo del miedo que me daba la historia de la historia de Hércules, con serpientes en
su cuna intentando matarlo, los doce trabajos, y sobre todo, su muerte [6] ,de la historia
de Teseo, de los tributos a Creta, del final donde abandona a la mujer que traicionó a su
familia para salvarlo, en una isla desierta.
Me acuerdo de los dinosaurios, de los cavernícolas, de la selva, del desierto.
Y me acuerdo, clarito, de que acá es donde leí, por primera vez, acerca de las
computadoras. Pero eso es otra historia para más adelante.