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Ralsina.Me — El sitio web de Roberto Alsina

Tradicionalmente, nos morfaban los dientes de sable.

Pa­sé el fin de se­ma­na en el cam­po, en Cruz del Eje, y char­lé con mu­cha gen­te que veo muy de vez en cuan­do. Su­pon­ga­mos que uno de ellos se lla­ma Ger­mán Ja­vu­rek (por­que así se lla­ma), el her­ma­no de la mu­jer de mi sue­gro (y no, no hay ma­ne­ra mas cor­ta de ex­pli­car eso­), un ti­pa­zo, que me cae muy bien.

Char­lan­do con él y mi cu­ña­di­ta Lau­ra, ella le re­cuer­da la vez que le ha­bló de la di­fe­ren­cia en­tre es­tar ves­ti­do de gau­cho y dis­fra­za­do de gau­cho. Le di­go a Lau­ra que por ejem­plo, si Ger­mán tie­ne pues­ta ro­pa de gau­cho, él es­tá ves­ti­do, si me las vé pues­tas a mí, es­toy dis­fra­za­do. 1

Eso lle­vó la char­la a la de­fi­ni­ción de Ger­mán de sí mis­mo co­mo "un tra­di­cio­na­lis­ta". Eso ha­ce que su ape­ro sea de de­ter­mi­na­da ma­ne­ra, su ves­ti­men­ta de gau­cho sea de una de­ter­mi­na­da ma­ne­ra, ya que él es cor­do­bé­s, y a que use tien­tos en vez de cuer­da­s, y así su­ce­si­va­men­te.

In­clu­si­ve has­ta un co­men­ta­rio es­ti­lo "a lo que ha lle­ga­do el mun­do­", acer­ca de gru­pos de gau­chos que usan mon­tu­ra chi­le­na, he­re­jía ini­ma­gi­na­ble pa­ra un tra­di­cio­na­lis­ta, o bo­ca­do de ny­lo­n, y a su "a­sí en­tien­do yo lo que es ser un tra­di­cio­na­lis­ta, los de­más que ha­gan lo que quie­ran, pe­ro yo lo en­tien­do así"

Y ... yo no lo en­tien­do así :-)

No me pu­se a dis­cu­ti­r, por­que ... ¡Pa­ra qué me voy a po­ner a dis­cu­tir en el cum­ple de se­ten­ta de mi sue­gro con un ti­po que veo dos ve­ces al año y en­ci­ma me caen bien él y to­da su fa­mi­lia!

Pe­ro yo me ima­gino que si a un gau­cho de 1830 le mos­tra­bas un bo­ca­do de ny­lo­n, y du­ra má­s, o una mon­tu­ra chi­le­na y le pa­re­cía más prác­ti­ca, los adop­ta­ba. Por­que ha­brá si­do un gau­cho, pe­ro la tra­di­ción del gau­cho no la for­ma el gau­cho, la for­ma el ti­po que ex­tra­ña al gau­cho, o el ti­po que vió al gau­cho de chi­co, o el ti­po que es­cri­bió so­bre el gau­cho.

Un gau­cho usa­ba el ape­ro que le ven­dían o el que sa­bía ha­cer­se, o se co­pia­ba del ve­cino. No te­nía pro­ble­mas en usar re­vól­ve­res fran­ce­s­es, o te­las in­gle­sas pa­ra la ro­pa (el pro­ble­ma es que era ca­ro­).

No me ima­gino a un gau­cho cor­do­bés ca­gán­do­se de frío pe­ro no usan­do un po­cho sal­te­ño por­que no co­rres­pon­die­ra a la ves­ti­men­ta ade­cua­da pa­ra el gau­cho cor­do­bé­s. Des­de ya que pue­do es­tar com­ple­ta­men­te equi­vo­ca­do y ca­da zo­na es­ta­ba lle­na de gau­chos fe­ti­chis­tas de la mo­da que aho­ra es­ta­rían to­dos usan­do chu­pi­nes y ante­ojos ne­gros de mar­co grue­so, pe­ro no me sue­na co­mo al­go que ha­ría el gau­cho, de acuer­do a lo que he leí­do, al ru­mo­r, a la le­yen­da del gau­cho. El gau­cho era un ti­po prác­ti­co.

En­ton­ce­s, si al gau­cho mis­mo no le im­por­ta­ba... ¿qué tra­di­ción es ésa? ¿Ha­brá den­tro de cien años una agru­pa­ción tra­di­cio­na­lis­ta del flo­gger del Abas­to? ¿Dis­cu­ti­rán acer­ca de si lle­va­ban el fle­qui­llo a la de­re­cha o la iz­quier­da? ¿A­cer­ca de la mar­ca co­rrec­ta de za­pa­ti­llas pa­ra el ro­lin­ga de Mo­ró­n?

Yo sé que co­rro con mu­chas des­ven­ta­jas en es­ta dis­cu­sió­n, ya que mi opi­nión no le im­por­ta un ca­ra­jo a na­die, que soy to­tal­men­te de afue­ra, er­go soy de pa­lo, y que tie­nen, has­ta cier­to pun­to, ra­zó­n, los gau­chos cor­do­be­ses se ves­tían dis­tin­to de los sal­te­ño­s, y ellos de los su­re­ño­s, y así.

Pe­ro no veo que la di­fe­ren­cia sea im­por­tan­te. Veo que si que­rés ho­me­na­jear al gau­cho, fi­já­te las co­sas que les im­por­ta­ban a ello­s, no las que les im­por­ta­ban a los que los veían de afue­ra, lo su­per­fi­cia­l, el co­lor del pon­cho, el ma­te­rial del bo­ca­do, el di­se­ño de la mon­tu­ra.

Por­que imi­tar las des­crip­cio­nes de los gau­chos que ha­cían los tu­ris­tas, eso, se­ño­res, es dis­fra­zar­se de gau­cho.

1

A pe­sar de te­ner un pa­sa­do en el cual to­ca­ba el bom­bo en gru­po fol­cló­ri­co, y de ha­ber apren­di­do dan­zas fol­cló­ri­cas de chi­co, creán­me, es­ta­ría dis­fra­za­do.


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