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Ralsina.Me — El sitio web de Roberto Alsina

Café

Es­to es al­go que aparente­mente es­cribí en 2016 y nun­ca publiqué en ningún la­do.


De acuer­do a mi in­ves­ti­gación hay só­lo tres lu­gares en el mun­do en que no se puede hac­er café.

El primero es la cima del monte Ever­est. Quince años de en­tre­namien­to y tra­ba­jo me per­mi­tieron amasar un buen es­ta­do físi­co y una for­tu­na con­sid­er­able, que util­icé para ser el primer hom­bre en pa­gar­le a un sher­pa para que lleve una ol­la a pre­sión has­ta la cima.

Con esa ol­la a pre­sión y una est­u­fa de camp­ing lo­gré hac­er un de­cente café a la tur­ca su­peran­do los in­con­ve­nientes cau­sa­dos por la ba­ja pre­sión at­mos­féri­ca y el frío. No es mi tipo fa­vorito de café, pero zafa.

El se­gun­do lu­gar es Corea del Norte. Des­de que el Ado­ra­do Líder asum­ió el poder a la edad de 12 años el café es­tá es­tric­ta­mente pro­hibido. Al­gunos di­cen que es porque cuan­do Líder tenía 5 se quemó con un café que toma­ba su padre -- Ilu­mi­na­do Guía, gran fan del espres­so -- que reac­cionó rién­dose de su do­lor. Des­de ese día ju­ró con el em­peci­namien­to que so­lo puede ten­er un nene de cin­co que cuan­do lle­gara al poder elim­i­naría esa hor­ren­da be­bi­da de la faz de la tier­ra.

In­clu­so, fuentes gen­eral­mente bi­en in­for­madas ru­moran que mien­tras al­i­menta­ba a sus per­ros mas­co­ta con la carne aún tib­ia de su re­cien­te­mente depuesto padre, Ado­ra­do decía al­go que se po­dría tra­ducir aprox­i­mada­mente co­mo "pedite un café aho­ra, hi­jo de mil putas".

Casi el vein­tidós por cien­to del pro­duc­to bru­to de Corea del Norte es­tá ded­i­ca­do a la pro­tec­ción de sus fron­teras, donde in­gre­sar café o sus deriva­dos es causa de eje­cu­ción sumari­a.

Por suerte, la ac­tu­al cri­sis económi­ca y sub­se­cuente ham­bruna me per­mi­tieron, cam­ou­fla­do co­mo donación hu­man­i­taria de latas de ananá, in­gre­sar 50 gramos de café has­ta las cer­canías de Py­onyang, donde un grupo de co­man­dos me in­fil­traron una noche jun­to con mi con­fi­able cafetera de pren­sa france­sa, y pude, en una fo­ga­ta al­i­men­ta­da con la bosta de la penúl­ti­ma va­ca de la gran­ja colec­ti­va número 12, preparar un ra­zon­able cor­ta­do con leche del mis­mo an­i­mal que proveyó el com­bustible.

El ter­cer lu­gar es Ophir, en la fal­da oc­ci­den­tal de las mon­tañas Oquirrh.

Se­gu­ra­mente no es­ta­ba en los planes de Aar­ic Smith y sus es­posas Aa­ron­i­ca, Ar­va y Zoleen, al for­mar su pe­queño y heréti­ca es­ci­ción de la ya ex­traña fac­ción mor­mona en la que habían si­do cri­a­dos, que la de­fi­cien­cia en su es­co­lar­i­dad los ll­e­varía a pro­nun­ciar mal de­ter­mi­nadas ora­ciones, y por pu­ra co­in­ci­den­cia in­vo­car al úni­co dios ver­dadero, Os­ther.

Por pu­ra co­in­ci­den­ci­a, du­rante sig­los los mor­mones de Utah crearon pro­gre­si­va­mente el cul­to de Os­ther, úni­ca en­ti­dad so­bre­nat­u­ral del mul­ti­ver­so, que has­ta ese mo­men­to había tran­scur­ri­do su ex­is­ten­cia ig­no­ran­do la mis­ma ex­is­ten­cia de la ma­te­ri­a.

Al comen­zar a fa­mil­iar­izarse con los dog­mas de su propia re­ligión, Os­ther tu­vo di­fi­cul­tades para dis­tin­guir en­tre lo im­por­tante y las pro­hibi­ciones id­ios­in­cráti­cas de la sec­ta de Aar­ic, Aaróni­ca y Ar­va (Zoleen de­cidió que si Os­ther ex­istía, en­tonces el­la prefer­ía ser atea, y se mudó a Pro­vo para cono­cer la vi­da de la metrópolis)

Por los prob­le­mas de Os­ther en com­pren­der (s­er so­bre­nat­u­ral no quiere de­cir que uno sea bril­lante), el pe­or peca­do en el Os­ther-­mor­monis­mo re­sultó ser el con­sumo de be­bidas es­tim­u­lantes, cas­ti­ga­do con la in­medi­a­ta dis­olu­ción del al­ma del pecador, seguido, para no lev­an­tar sospechas, de la traslo­cación del cuer­po del mis­mo a Las Ve­g­as, donde la caren­cia de al­ma no re­sul­ta ev­i­dente.

Es­toy pen­san­do el plan. Ten­go una cier­ta idea. Pe­or de los ca­sos, nos ve­mos en Las Ve­gas.


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